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Tratamiento del dolor abdominal funcional: el debate eterno


Se realizó una aleatorización por bloques 1:1 y estratificada por cada centro participante, cegada para niños y padres.


El grupo de intervención recibió TCC según un protocolo publicado previamente (Stop the Pain with Happy-Pingu), centrado en mejorar el autocontrol del paciente con maniobras para realizar durante los episodios de dolor y psicoeducación sobre sus causas. Los padres recibieron también sesiones de psicoeducación.


El grupo de control (CMA) recibió atención basada en un programa de prevención de vida saludable para escolares (Finn and Fine on their journey through the body), centrado en mejorar el conocimiento de la anatomía y fisiología del organismo. Los padres fueron informados sobres los contenidos del tratamiento de sus hijos.


Ambos grupos recibieron 1 sesión semanal de 90 minutos durante 6 semanas. Los padres recibieron dos sesiones de 50 minutos tras la tercera y cuarta sesiones de sus hijos.


Medición del resultado: de manera jerárquica, se definieron tres variables principales: intensidad, frecuencia y duración de los episodios de dolor. La medida se realizó con un diario y una escala analógica visual (0: no dolor, 10: máxima intensidad), rellenada por los pacientes, junto con un método gráfico que recogía el número y la duración de los episodios de dolor de cada día.


La intensidad y duración del dolor se midieron como el área bajo la curva (ABC) de la representación de las determinaciones tras una transformación logarítmica de la media del valor.


Como variables secundarias se estudiaron una serie de determinaciones de calidad de vida, carga de enfermedad y repercusión del dolor en la actividad habitual, empleando una serie de encuestas previamente validadas.


Se recogieron los resultados antes y después de la intervención y tras 3 y 12 meses de seguimiento. Se calculó un tamaño de muestra necesario de 56 pacientes en cada rama del ensayo. Se realizó análisis por subgrupos según las variables que podían ejercer efecto de confusión y análisis de sensibilidad según intención de tratar y análisis por protocolo. Por último, se realizó imputación múltiple de los datos faltantes.


Resultados principales: de un total de 383, finalmente se aleatorizaron 127 (63 TCC y 64 CMA). La variable principal pudo calcularse en 113 (56 TCC y 57 CMA, con registros basales completos en 54 y 43, respectivamente).


Incluyendo todos los puntos temporales, no se observaron diferencias entre los dos grupos en la intensidad de los episodios de dolor (reducción media [RM]:49%, intervalo de confianza del 95% [IC 95]: -19,98 a 78,36; d de Cohen: 0,25). Tampoco hubo diferencias en la duración y frecuencia del dolor.


Aplicando un modelo lineal mixto, se observaron puntuaciones posintervención a los 12 meses más favorables en el grupo TCC (RM: 40,91%, IC 95: 2,71 a 64,12; RM: 43,6%, IC 95: 6,2 a 66,1) en la intensidad y duración del dolor respectivamente, aunque la probabilidad de éxito del tratamiento fue similar en los dos grupos.


Igualmente, se encontraron mejores puntuaciones para el TCC en las escalas de las variables secundarias, especialmente en lo referente a discapacidad, calidad de vida, manejo y repercusión del dolor.


No se produjeron eventos adversos relacionados con la intervención del ensayo.


Conclusión: las dos intervenciones se mostraron eficaces, aunque el TCC produce mejores resultados a largo plazo.

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